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Un informe del Banco Mundial, titulado Análisis ambiental del país: Argentina, consideró que "las inundaciones son el mayor desastre natural que amenaza” a nuestro país. Es que, según destacan, representan el 60 por ciento de las catástrofes de cada año -el resto son tormentas, sequías e incendios, entre otras- y el 95 por ciento de las pérdidas económicas se explica por estas causas.

El trabajo del organismo internacional, fue realizado en 2016 por un equipo de expertos en desarrollo sostenible, medio ambiente y recursos naturales, y alerta que “con la pavimentación y construcción de edificios, las tierras se transforman en impermeables, lo que disminuye las posibilidades de infiltración, y aumenta la acumulación de agua en los sistemas de alcantarillado y en las calles. Además, cuando la vegetación se reemplaza por infraestructura urbana, disminuye la capacidad de evapotranspiración”. Según la nota periodística, lo que el informe del Banco Nación omite considerar es al monocultivo y los desmontes como causa del desastre. En ese sentido, Daniel Verzeñassi, ambientalista de Paraná, considera que los suelos están impermeabilizados por tantos químicos que se utilizan. “El tratamiento de los modelos agrícolas hegemónicos que tenemos, que no se revisan que siguen adelante como un avión sin brújula, la única brújula es la cotización del cereal que siembran y los intereses son totalmente desentendidos de la suerte social, como son los intereses de las corporaciones que tienen que ver con las semillas y el método de aplicación de los químicos”, explicó.

“El costo de las inundaciones ribereñas -por desborde de ríos- representa el 49 por ciento del costo anual total por desastres naturales, mientras que el costo de las inundaciones urbanas significa otro 46 por ciento”, afirma el trabajo del Banco Mundial, hecho en 2016 por un equipo de expertos en desarrollo sostenible, medio ambiente y recursos naturales. En total, calcularon que los daños causados por el agua equivalen cada año al 0,7 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI). O sea, de toda la riqueza generada en el país.

 

La investigación reconoce que “la cantidad e intensidad de las precipitaciones se incrementó: el volumen de lluvias creció 20 por ciento entre 1961 y 2010. Pero sugiere que esto por sí mismo no alcanza para explicar la magnitud de los desastres actuales: la deforestación en las cuencas altas, una infraestructura deficiente de drenaje en el área rural y las mayores precipitaciones contribuyen a un riesgo acrecentado de sufrir inundaciones ribereñas”.

 

Según el informe, en los últimos años hubo una tala excesiva. Fue especialmente en el norte del país, para convertir áreas forestales en terrenos para cultivo. Así, entre 2001 y 2014 desapareció el 12 por ciento de los bosques argentinos, una pérdida equivalente a una cancha de fútbol llena de árboles por minuto. Esto, afirman, se dio a un ritmo que duplicó la media mundial para el mismo período (6,3 por ciento).

 

“Como estas áreas se encuentran ubicadas en las cuencas superiores de los principales ríos -señalan-, los escurrimientos de agua provocados se acumulan en mayores volúmenes y a un ritmo más acelerado. Aguas abajo, los canales de drenaje que se construyeron para reducir el riesgo de inundación cambiaron la hidrología y produjeron mayores escurrimientos que resultaron en más inundaciones y sedimentación”.

 

Respecto de las ciudades, donde viven 9 de cada 10 argentinos, el informe destaca que los anegamientos también son el principal problema ambiental y que "los pobres y vulnerables" son las mayores víctimas. Las causas, en este caso, apuntan a que las urbes se expandieron sin la planificación y las obras necesarias.

 

Dice la investigación: "Con la pavimentación y construcción de edificios, las tierras se transforman en impermeables, lo que disminuye las posibilidades de infiltración, y aumenta la acumulación de agua en los sistemas de alcantarillado y en las calles. Además, cuando la vegetación se reemplaza por infraestructura urbana, disminuye la capacidad de evapotranspiración".

 

Para el Banco Mundial, las ciudades del país también tienen serios problemas con la calidad del aire (en Buenos Aires la contaminación "casi sextuplica" lo recomendado), en la calidad del agua (sólo 12% de las residuales se trata) y en el manejo de la basura, donde abunda la eliminación a cielo abierto y "el reciclado es aún limitado".

 

Entre las inundaciones y el resto de los problemas, según el organismo, “un estimado conservador coloca al costo de la degradación ambiental en un 8,11 por ciento del PBI”. Son, cada año, más de 45.000 millones de dólares.

 

“No hay superficies con bosques y se perdieron los montes”

 

Verzeñassi se refirió a los impactos en el clima del país, los cuales vienen afectando la región hace más de tres años y dejan terribles inundaciones, que no sólo perjudican al sector productivo, sino también a vecinos de ciudades. “Ha habido un cambio sustancial en la permeabilidad de suelo y en la capacidad de absorción que tienen de las lluvias”, dijo respecto de las inundaciones que se producen con el impacto ambiental que se sufre en la región hace alrededor de tres o cuatro años.

 

Seguidamente advirtió, como desde hace tiempo vienen realizando desde los movimientos y organizaciones ambientales: “El tratamiento de los modelos agrícolas hegemónicos que tenemos, que no se revisan que siguen adelante como un avión sin brújula, la única brújula es la cotización del cereal que siembran y los intereses son totalmente desentendidos de la suerte social, como son los intereses de las corporaciones que tienen que ver con las semillas y el método de aplicación de los químicos”, aseguró y al mismo tiempo explicó: “Esto ha impermeabilizado los suelos, aunque también tenemos que atender que hay un cambio en los regímenes de lluvia, pero esto tiene que ver con la superficie cubierta con bosques y le perdida de montes, ya que estos son los reguladores de la meteorología zonal y una cosa sumada a la otra hace sinergia y se producen catástrofes que no son climáticas sino arqueológicas”, mencionó.

 

El ambientalista, volvió a sentenciar sobre “el resultado de una política ordenada por mentalidades muy mezquinas de un alto coeficiente de codicias y un desentendimiento de la suerte social”.

 

Por último, Verzeñassi llamó a discutir estas problemáticas socialmente. “La sociedad tiene muy pocos elementos para poder discernirlo, y si ademas hablamos de los medios de comunicación con mayor llegada tergiversan, la sociedad está invitada a seguir creyendo la gran mentira de la cosecha récord o la necesidad de producir granos en el mundo, obliga a tener que convivir con estas consecuencias o daños colaterales”, remarcó ya la mismo tiempo agregó: “Un campo anegado recibe un subsidio para palear el mal momento en su economía, siendo este el generador de las inundaciones”, finalizó.